domingo 18 de noviembre de 2007

Conversado

Conversando.

Ayer caminaba por la calle, y de pronto escuché a una chica que le decía a otra amiga: “Yo me financié mi carrera sola”. Me las arreglaba para laborar y estudiar al mismo tiempo, y fue así que salí adelante”. En verdad, ¡qué mérito el de aquella señorita!
Al oírla, pensé que lo mismo habría que decir acerca de aquellas personas con discapacidad, que no se rinden. Frente a una problemática realmente complicada, en este mundo hay mujeres y hombres que se deciden a bregar, movidos por objetivos concretos. Luchan, se esfuerzan hasta más no poder, y en ciertos casos logran realizarse.
Tales personas reclaman sus derechos, ¡lógicamente! Pero no se quedan en el plano de la queja. No están esperando que todo se lo den, y por el contrario, se encuentran en una búsqueda permanente de medios y oportunidades.
¿No crees que estas personas empeñosas, aguerridas, merezcan todo el apoyo?La comunidad y las autoridades deben hacer propicias las condiciones económicas, sociales, culturales, para que las personas con discapacidad que hagan méritos puedan verse realizadas. Que la discapacidad no se convierta en un motivo de desaliento, amargura y desengaño, por falta de una adecuada atención. Qué trágico debe ser el llegar a viejo, y sentir que de nada ha servido luchar. Pero qué satisfacción se debe sentir cuando se descubre que el esfuerzo hecho ha valido la pena, por duro que este haya sido. Esto último hay que promoverlo