FUMANDO A CIEGAS
Sumergido en el tedioso gris de un mundo que para muchos es totalmente desconocido, un buen día sentí la inquietud de fumar. Creí que con el humo que pudiese echar por la boca, se iban a ir mis nervios, mis ansiedades, y a lo mejor, hasta el aburrimiento (quizás inconsciente) de pasar mi juventud, al margen de las encantadoras luces y colores de este mundo. Entonces, tenía catorce años de edad.
Desde el principio, le agarré el gusto al cigarrito. El solo hecho de prenderlo me daba una increíble sensación de liberación, pese a que yo tenía permiso para fumar incluso en mi casa, y me volví un experto en el uso de los fósforos, para no quemar el tabaco por la mitad al momento de prenderlo. Ponía el palito junto al cigarrillo, en paralelo, y una vez que las puntas de ambos estaban bien ubicadas, frotaba la caja con el fósforo sin problema alguno. Fue uno, luego dos, después unos cuantos más, y cuando menos lo pensé, llegué a los veinte y más por día.
El olor que había cuando yo fumaba me invitaba a recordar al primer profesor que tuve en el colegio La Inmaculada. Aunque parezca anecdótico, se llamaba Álvaro como mi hijo, y era ciego como yo. Cuando terminaba su clase, y salíamos al recreo, el patio olía a tabaco, porque mientras nosotros jugábamos el profe se ponía a fumar. En una ocasión, me encontré con Álvaro (mi profesor) y al tiempo que evocábamos todos esos años 60 que ya se habían ido, yo quise experimentar la emoción de hacer lo mismo que él: me puse a fumar en el patio.
Por la época de mi adolescencia, no había todas aquellas restricciones que hoy existen, y uno podía dar rienda suelta al placer de fumar en cualquier parte, así que yo iba con mi cigarrito de aquí para allá. Lo disfrutaba mientras caminaba por las calles, a la vuelta de mi colegio, luego de comer, acompañado de un buen cafecito, cuando discutía de política con mi abuelo materno, y hasta en el baño. Por su puesto que no faltaban los que me decían: “Por qué fumas”, pero yo seguía.
Claro que con el humo de los cigarrillos que me fumaba, se fueron mis tempranas ilusiones de amor, el sabor de los primeros besos que di, mis años de universitario, y cuántas cosas más. Sin embargo, frente a ello, y en contra de lo que yo hubiera creído, mis nervios, mis ansiedades, mi aburrimiento, lo tedioso que me resultaba el estar sumergido en lo gris de un mundo que para muchos es totalmente desconocido, jamás me lo pude quitar. Jamás me lo pude quitar, como a lo mejor sí lo hubiera hecho de haber buscado por otras vías (estoy pensando en el deporte) en vez de pasármela fumando, y lo que es peor, fumando a ciegas.
¿Qué significa esto último?
Para mí, tiene un doble significado:
El primero se relaciona con aquel refrán que reza: “No hay peor ciego que el que no quiere ver”. El ir fumando a ciegas, en este caso se refiere a la actitud de negarnos a ver el daño, sí el daño que el tabaco produce y que el jaws podría ayudarnos a prevenir, si realmente quisiéramos enterarnos de toda la información a la que hoy nosotros podemos acceder.
Valdría la pena revisar aunque sea alguito al respecto:
“La nicotina, uno de los ingredientes principales del tabaco, es un poderoso estimulante. Al cabo de unos segundos de inhalar una bocanada de humo, el fumador recibe una poderosa dosis de este componente en el cerebro. Esto hace que las glándulas adrenales viertan en la sangre adrenalina, lo cual acelera el ritmo cardiaco y aumenta la presión sanguínea. La nicotina está considerada como una sustancia más adictiva que otras drogas ilegales”
TABAQUISMO: www.tusalud.com.mx/121002.htm - 17k
En la misma fuente citada, hay ciertas consideraciones que me parece importante tomar en cuenta, y es que la nicotina es uno y solo uno, entre los cuatro mil componentes del humo del tabaco. ¿Qué contiene este humo? Ah, bueno, entre otras, las siguientes sustancias nocivas: Amoníaco, Benzopireno, Cianuro de hidrógeno, Dióxido de carbono, Monóxido de carbono, Restos de plomo o arsénico. ¿Pues entonces, no es como para tener que verlo?
Pero aquello de ir fumando a ciegas tiene otro significado, o connotación, que nos atañe a nosotros como invidentes y que en consecuencia, me parece importante abordar en esta ocasión. Para entrar al tema, me gustaría plantear una simple pregunta: ¿Tendrá algunas implicancias el fumar sin ver? Y ya que se da la posibilidad de responder a tal interrogante, yo diré que sí, sí las hay. ¿Serán estas de tipo negativo? En efecto, lo son. ¿Y cuáles son los terrenos en los que estas se dan? En el campo social, por ejemplo.
Al respecto, me voy a permitir la libertad de hablar a partir de mi experiencia. Cuando yo fumaba, había ocasiones en las cuales incomodaba a las personas que estaban conmigo, sentadas en una mesa por ejemplo. ¿Por qué? Porque al no poder ver les echaba el humo en sus narices. Entonces, sin yo darme cuenta, el cigarrillo atentaba contra mis deseos y mis posibilidades de integrarme. A la hora de fumar no solo me jodía yo, sino que jodía a los demás, y con razón, en una oportunidad, un amigo me estornudó en la cara: “Me estás atosigando con ese humo”. Hay que ver el daño que sufren los fumadores pasivos:
Fumador pasivo - Wikipedia, la enciclopedia libre
Describe como afecta el hábito de los fumadores a los demás.
es.wikipedia.org/wiki/Fumador_pasivo - 17k
Pero no solo incomodaba al resto. También empecé a incomodarme yo, cuando llegaron las restricciones y entonces, había que salir del lugar donde uno estaba para fumarse un cigarrito. ¿Y si no conocía ese lugar? Ah, tenía que molestar a otra persona: “¿Podrías ayudarme a salir para..?”, y a veces encontraba algún cómplice, antes de terminar la pregunta: “Sí, vamos que yo también tengo ganas”, pero habían también casos en los que no encontraba a nadie, y entonces…. Me quedaba con el incontrolable deseo.
Con esto, no quiero decir que fumar es malo en el caso de los ciegos y que en cambio, por el lado de los videntes es bueno. NO, fumar es malo, malo para todos, y si hago hincapié en lo referente al hecho de fumar a ciegas, es a modo de reflexión. Yo ya dejé de hacerlo, y cómo me gustaría que otros experimenten la libertad de no tener que depender de un vicio que con carácter y decisión, sí se puede echar a la basura.
domingo 20 de enero de 2008
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