sábado 19 de abril de 2008

Relatos Domingueros

La Presencia de una Amiga
Y, de acuerdo con mi experiencia, es recomendable tratar de conseguir un equilibrio emocional que, en una forma sobria, serena, nos permita seguir adelante.
--¿Por qué?
--Porque si estoy tranquilo, relajado, puedo entablar relaciones positivas con las personas que me rodean; tengo la posibilidad de hacer nuevos amigos, en vez de quedarme aislado; puedo disfrutar de encuentros con gente linda, que sí existe, y que, cuando uno menos lo espera, se presenta como uno de aquellos regalos –yo diría tesoros- que, a lo largo del camino, vamos encontrando en medio de grandes sorpresas.
Yo había oído hablar de un grupo de personas que se reunía, para conversar de diferentes temas, y, como sentí una gran curiosidad, decidí asistir a uno de sus encuentros. No conocía a nadie, y, en un momento dado, al verme solo me pregunté: “¿Qué hago aquí?”. Pero, de pronto alguien se me aproximó:
--Hola, Me llamo Sonia. ¿Has venido solo?
--Sí, realmente no conozco a nadie –le respondí.
--Ah, entonces ven para presentarte a unos amigos, y siéntate a la mesa con nosotros –ella comentó.
Con aquel gesto, dejó grabada en mí una huella que jamás se borrará; se me entró hasta el alma. Quizás, sin pensarlo, me ayudó a sacudirme de la soledad de la que, en esos momentos, yo pensaba que no iba a salir. De no haber sido por su presencia, hubiera tennido que pasarme la tarde aislado. ¿Por qué? Porque, a menos que alguien se me acerque, la ceguera no me permite comunicarme fácilmente, en una forma natural, ágil, espontánea, con el resto de integrantes de un mundo que va, viene, corre, salta, baila, sube y baja, al son de lo que ve. Por eso, desde aquellos instantes, Sonia se ganó un lugar muy peculiar dentro de mí, y, sin proponérselo, pasó a ser como una musa a la que miro sin tener que abrir los ojos. Ella es como un poema que no sé cómo empezar a recitar.